03 Blog ¿Por qué la relación entre paciente y psicólogo es clave en el tratamiento?
América Latina se encuentra entre las regiones con mayor actividad sísmica a nivel mundial. En las últimas décadas, distintos terremotos han generado impactos económicos significativos sobre el entorno construido, incluyendo viviendas, infraestructura crítica, instalaciones industriales y edificios públicos.
Analizar estos impactos desde una perspectiva comparada permite dimensionar la magnitud del riesgo sísmico y resaltar el rol de la ingeniería estructural en la reducción de daños.
En este contexto, el estudio de los costos directos asociados a terremotos se transforma en una herramienta clave para evaluar el desempeño del diseño estructural y orientar estrategias de mitigación y reconstrucción.
Daños directos e indirectos: una aclaración necesaria
Los daños directos corresponden a la destrucción física inmediata del entorno construido, incluyendo viviendas, edificios públicos, infraestructura vial, equipos e instalaciones industriales y redes de servicios básicos. Este tipo de daño se cuantifica a partir de los costos de reparación o reconstrucción y es el principal indicador utilizado para evaluar el desempeño estructural frente a eventos sísmicos.
Los daños indirectos, en cambio, se relacionan con efectos posteriores al evento, como interrupciones productivas o pérdidas económicas asociadas. Dado que muchas evaluaciones post-desastre reportan ambos conceptos de manera conjunta, los costos de reconstrucción suelen emplearse como una aproximación práctica al daño físico directo cuando no existe un desglose detallado.
Una mirada regional a los costos sísmicos
Los costos directos de los terremotos en América Latina presentan una alta variabilidad, influida no solo por la magnitud del sismo, sino también por la calidad constructiva, la normativa sísmica vigente y el nivel de exposición.
Uno de los casos más significativos es el terremoto del Maule en Chile (2010), de magnitud Mw 8,8, cuyos daños directos se estiman en aproximadamente USD 30 mil millones, equivalentes a cerca del 17% del PIB del país. El impacto fue extenso sobre viviendas, hospitales, escuelas, distintas industrias, puentes, puertos e infraestructura costera.
En México, el terremoto del 19 de septiembre de 2017 (Mw 7,1) generó costos directos estimados entre USD 4 y 8 mil millones, concentrados principalmente en edificaciones residenciales y edificios públicos de la Ciudad de México y regiones aledañas.
El terremoto de Manabí–Esmeraldas en Ecuador (2016), de magnitud Mw 7,8, presentó costos de reconstrucción cercanos a USD 3,3 mil millones, cifra utilizada habitualmente como aproximación al daño físico directo en viviendas, infraestructura y servicios básicos.
Otros eventos relevantes refuerzan la magnitud del impacto económico: los terremotos de El Salvador en 2001 generaron daños directos estimados en USD 1,7 mil millones; el sismo de Pisco en Perú (2007) se asocia a USD 1,2 mil millones; el terremoto del Eje Cafetero en Colombia (1999) produjo daños cercanos a USD 1,0 mil millones; y el sismo de Guatemala de 1976 registró pérdidas físicas estimadas en torno a USD 750 millones.